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Capítulo 2: Ya estamos todos en el piso

Posted in Actualidad, Diario de Patxi, Escribiendo desde..., General, Literatura, Salamanca (Capital de los Estudiantes) with tags , , , , , , , , , , , , , on 29 enero 2010 by ikerresaka

¡¡¡DIOOOOOOOOOOS!!! No puedo, no puedo seguir en Salamanca. Me supera a mí esto. No, no y no. Yo me voy. Mañana mismo me miro el billete de vuelta para Ablitas porque yo no puedo seguir viviendo aquí… ¡Pero qué buena está mi compañera de piso! Eso no es ni medio normal. Si lleva aquí 4 días y me estoy poniendo malo. Bufff, respira Patxi, respira. Es que vosotros no la habéis visto, pero está tremendísima. El día que la conocí, estaba en el portal con todas las maletas… ¡pero yo pensaba que era la vecina! La verdad es que me extraño que cuando subíamos en el ascensor sabía ya mi nombre, pero como en Ablitas todos me conocen, tampoco me extrañó mucho que en el vecindario ya me conocieran. Mi gran sorpresa vino, cuando llegamos a la puerta de casa e iba a entrar conmigo. Yo estaba flipando. Me habían dicho que en Salamanca se ligaba muy fácilmente, pero tan fácil no me lo esperaba. Mi mayor decepción vino cuando entramos los dos juntos y se fue corriendo a comerse a besos a Alfredo. Entonces pensé que era su novia, pero no me había dicho nada de ello. Al final, cuando estuvimos Alfredo y yo, le pregunté, y me confirmó que era Cristy, nuestra compañera de piso. Entonces fue cuando me di cuenta de que no iba a poder soportar estar todo el año con semejante belleza… ¿Qué iba a pasar los fines de semana que ella se quedara en Salamanca, si Alfredo se va todos los días? En fin… supongo que el tiempo irá dándome respuestas. Pero desde la vez que Osasuna perdió la final de Copa contra el Betis, creo que no lo había pasado tan mal…

Por lo demás, por el piso vamos mejorando las tareas domésticas. A mitad de semana tuve que poner por fin la lavadora. Los calzoncillos, ni dándole la vuelta, se podían usar ya. Así que cogí el cubo de la ropa sucia y me dirigí sin temblor en las manos hacia la cocina. Una vez allí, abrí la lavadora y empecé a meter todo aquello que no tenía blanco. La puse en frío, le di al OK y empezó a dar vueltas. Tampoco era tan complicado como esperaba. Lo malo que luego tuve que ponerla otra vez porque se me había olvidado ponerle el jabón y el suavizante. Aunque tampoco creo que fuera tan necesario, yo hay días que me ducho sin darme jabón y luego salgo tan limpio. El caso es que ya tengo toda la ropa arrugada en el armario. Esta semana voy a probar a poner los diccionarios encima de la camiseta que me vaya a poner al día siguiente, para ver si así puedo quitarme de en medio la tarea de planchar.
En cuanto a las comidas, soy el nuevo Arguiñano. No sé cómo me pude meter en periodismo y no a cocinero. Ayer me preparé unos macarrones con tomate… ¡qué ni José Andrés! Esta semana lo he tenido más fácil. El lunes me compré un montón de embutido y bastante carne. Así, en el caso de que mi primer plato no funcionara, siempre me quedaría el segundo. ¿Os acordáis que me iba a animar con el arroz? Pues me animé y no salió mal la cosa. Lo hice tal cual me había dicho mi madre que tenía que hacerlo. Un poquillo de chorizo, un poquillo de ajillo y todo ello, con aceite. Luego, echar el arroz, remover un poquito y echar agua. Tan sencillo como eso. Y me salió de lujo. Todavía no entiendo porque estaba marrón, cuando el arroz era blanco y no le eché ningún colorante, pero bueno. Supongo que sería por culpa de esa cazuela, que estaría mal y desprendería algo. Así que, como la cazuela desteñía y en el fondo había tres capas de arroz imposibles de quitar, cogí y la tiré. Por el resto de comidas, no he tenido muchos problemas. He encontrado unos botes de fabada asturiana, de alubias rojas a la vasca y de lentejas a la riojana que los calientas 10 min en una cazuela a fuego medio (si es que ya hablo como un cocinero y todo) y te sale un plato de lo más rico. Después un par de chuletas con vuelta y vuelta en una sartén y sobra. Y a esto, le sumas unos guisantes que tienes que calentar 2 min y las multifacéticas pizzas. Si a esto le sumas, los macarrones made in Patxi, te sale una semana de comidas de lo más nutritiva. Y para cenar, hemos conseguido ya el número del Leonardo y del Telepizza. Así que las noches también están cubiertas. Puede decirse, que ya no moriré de hambre en Salamanca.

Y por la univesity, de lujo. Ya voy conociendo más a la gente y he conseguido averiguar el nombre de la bella chica que me miró el primer día de clase. Se llama Claudia. En cuanto nos pongamos internette en casa ya estoy al tuenti a ver si la localizo, es que todavía no sé ni de dónde es, ni cuántos años ni nada. Sólo sé que es guapa, guapa. Tiene una mirada tan sexy y profunda… Y con el resto bien, esto es una gozada, ¡hay gente de todos lados! Gallegos, asturianos, cántabros, extremeños, pucelanos, riojanos, vascos, otro navarro (de Estella/Lizarra), canarios (a patadas), maños, sorianos, leoneses y algún salmantino. ¡Qué riqueza cultural! Simplemente, con escuchar la conversación que mantienes entre unas y otras personas puedes montar una canción con los distintos acentos que hay. Yo temía en qué grupo de personas juntarme, porque claro, luego ellos serían quienes me llevaran por el buen o por el mal camino, todavía no puedo ir de oveja negra; pero parece que ya nos estamos juntando un grupillo más majo que el copón. Para el siguiente capítulo os hablo un poco más de ellos.
Las asignaturas están siendo diferentes a lo que pensaba. Tampoco me está resultando tan complicado como esperaba, aunque me parece que voy a flipar con derecho. Pero por lo demás, el de arte es un artista, ¡qué manera de vivir sus clases! Es tanta la vitalidad que te transmite que hace olvidarte de que realmente estás ahí sentado en el aula durante dos horas. En lengua hemos empezado a leer algún cuento que otro en público (había gente que las pasaba canutas, pero acostumbrado a hacer el paloteado en mi pueblo, lo pasé de maravilla). Y en escrita, como pudistéis ver en una entrada anterior, ya nos ha tocado empezar a escribir algún texto… Así que de momento, promete alguna cosilla que otra. Por cierto… me han elegido delegado de clase, jaja. Yo creo que fue por mi acento típico de Ablitas que caló hondo en los corazones de los allí presentes y mi programa electoral: una cena de clase para la semana que viene. Gané por las justas, aunque todavía no entiendo porque había más número de votos que de personas asistentes. Pero bueno, el caso es que la semana que viene tengo mi primera reunión de delegados a ver qué me cuentan por allí.

El jueves ya tuve mi primer contacto con la noche salmantina. Por la tarde habían dejado papeletas de “BOTELLÓN en la Plaza San Justo”, aunque luego resultó que nos llevaron a otro sitio, un tal patio de escenarios o algo así. El caso es que estuvimos unos pocos de clase, pero la plaza estaba llena. Todo bocas sedientas de alcohol, miradas pendientes de sexo y alguna nariz inquieta con los males de la vida. Lo más curioso de todo es que allí te podías encontrar de todo. Y como el tiempo no desacompañaba, se podía estar tranquilamente. Hubo un par de amagos de que venía la policía y la gente se agitó, pero yo, acostumbrado a mi querida Navarra, ¿qué había que temer? Después de estar un rato por allí, el ambiente fue decayendo a eso de las 2:30 y nos fuimos al primer bar que pillamos por allí, al Country. Y ¡qué bar! La decoración estaba en honor a Gaudi. Entrabas y parecía que estabas en el mismísimo Parc Güel (creo que se escribe) de Barcelona. Allí todos iban con unos copones tremendos. Así que como en ese bar parece que lo más común era pillarse un cóctel de esos, aparqué mi Brugal con “coca cocLa” y me pillé un “Sex on the beach”. A la hora de pagar casi tengo que darle la ropa y el reloj que llevaba encima… ¡8€ la copa! Bueno, hay que decir que era un copón de la ostia y que empezabas a beber y que aquello subía en vez de bajar. Se hizo duro beber semejante copón. No por su sabor, porque estaba de muerte, pero sí porque no tenía fin… Dieron las 4, el copón se estaba reproduciendo, mi estómago bailaba más rápido que mis piernas y mi cuerpo estaba tan cansado que les dije a estos que tocaba la retirada. Para ser mi primera noche por Salamanca, tampoco estuvo mal. Ningún sábado me hubiera quedado hasta esas horas por ahí, y eso que era jueves.
El problema vino al día siguiente que llevaba una resaca que ni la de la boda de mi prima. Aunque no es comparable con la que tuve después de la cena de Tudela. Me levanté a las 5 de la tarde y lo único que sabía es que mi madre me había llamado un par de veces. Fui al frigorífico, me abrí un aquarius (¡qué gran invento para las resacas!), cogí un trozo de chalchichón que tenía, le di un par de mordiscos y me fui al salón. Allí no había nadie, así que encendí la televisión y me eché la siesta. A las 20:30 me volvió a llamar mi madre y esta vez sí que me enteré.
Y ayer sábado, ya me fui a dar una vueltilla por el centro a ver Salamanca de día. Y madre mía en qué ciudad estoy estudiando… ¡qué bonita! De momento he visto lo superficial, es decir, todavía no he entrado dentro de los monumentos pero con que sean la mitad de bonitos por dentro, que por fuera, es más que suficiente. Estuve viendo la fachada de mi universidad, la Pontificia. Bonita, bonita. Con sus dos torreones destacando sobre el resto. Luego vi una casa rara con muchas piedras puestas por la fachada, con formas de Conchas. Supongo que será algo del Camino de Santiago. Luego me fui a ver la Catedral. (Breve inciso, lo que veo desde mi casa no es una Iglesia… es la Catedral y la Pontificia) La portada principal de la Catedral tiene un jardín precioso. Allí había un montón de gente tumbada debajo de unos altos pinos. Por lo que vi, está también la facultad de filología. Después de ahí, me volví a la Plaza Mayor y para casa, que tenía un dolor de cabeza… Así que todavía me queda por explorar bastante, porque me han hablado algo de una rana o lo que sea, pero no sé todavía qué es ni nada.
Y nada, ayer estuve viendo en la tele la magnífica película de Scarface de Al Pacino y me dieron las tantas. Y hoy me he levantado temprano (a eso de las 12) para escribiros este nuevo capítulo y aprovechar a dejar bien recogida la comida que mis compañeros de piso vienen a la tarde. Que ayer vi una nota en la que me decía cada uno que se habían ido a sus respectivas casas, pero como el viernes estaba como estaba… ni pude verlas. Pues lo dicho cuadrilla, a ver qué me depara la semana que viene. Hasta la semana que viene, buenos días y Buena Suerte. Besos y abrazos para todos.

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